18 marzo 2008

Cupido tragicómico(cuento)







nota: Actualmente, debido a correcciones en estilo y ese tipo de cosas este cuento ha cambiado de título; no obstante, he decidido dejar esta primera versión por una especie de fidelidad a la época en que fue escrita.


¡CUÁNTOS AÑOS! Y sin embargo, yo sé que al fin y al cabo ha dejado la señorita de pensar en mí, lo cual es una lastimosísima lástima. Ahora se dedica, cómo no, a cosas superlativamente más importantes que pensar en pensar que piensa que yo simulo no pensar que pienso en ella, ya sea por rutina, oficio, conveniencia.
¿ Por absurdo orgullo?


En fin, decía que es mejor que no piense ya en estos absurdos detalles, como el amor que murió hace varios martes, para suerte suya, y si de las clases de inglés se trata, por que debió en algún momento, sin decirme nada, agobiarla la idea de faltar una vez por semana al instituto que con tanto esfuerzo pagaban sus padres, solo para encontrarnos en las banquetas de al frente; banquetitas que se extendían en largas y suntuosas hilanderas, por donde transitaban vendedores de geranios, cremas volteadas, golosinas y mazamorritas moradas al paso. Yo con mis chocolates Sublime en los bolsillos, y una flor verdeamarela sin precio ni color romántico, acaso por que yo podía ser muy sensible, evanescente o locuaz, pero nunca con aspiraciones de ser un Pedro Galante, tal y como lo fue él para las señoritas setenteras del "allá en el rancho grande" pensando: Si viene, le digo te quiero de aquí hasta el sol, ansioso con mi fondo musical imaginario de "el amor después del amor", y ella, con un abrazo y una frasesita murmurante en inglés de oriunda, los ojos dilatados, los labios rosados y brillantes de niña peligrosa, listos para eso que a los trece, solíamos llamar piquitos de adulto. Se acercaba al compás del reloj, sentándose de manera vertical, cruzando las piernecitas blancas de reciente mujer, luciéndolas a través de una falda azulina jean y murmurándome al oído: I was looking forward to see you, my enamoradito, y yo, yo nuevamente, sucumbiendo ante el maldito golpe de conciencia que rugía: Si la quiere al menos algo, Alejandro, déjela tranquila y no le friegue más la paciencia, que la muchacha va a repetir este ciclo si sigue haciéndola faltar a sus clases de inglés, todo por encontrarse con usted.





–yo también ansiaba verte, no sabes cuánto– le dije mientras la abrazaba fuertemente.
Entonces ella, víctima de mis comentarios casi sin sentido, ensayaba una risa curiosa, como si a pesar de no entender ninguno de mis arrebatos literarios, digiriera sin dificultad lo que realmente ansiaba expresarle. Me volvía a abrazar como nadie, y mordía un pedazo del Sublime. Mordía mis labios al segundo siguiente, cerraba los ojitos y al cogerme las manos, podía disimular la más tierna de las sonrisas.
¿ He dicho antes que era un juego más que mágico verla sonreír?
Tan grave era el asunto que me ponía a hacer cualquier cosa rara que le ocasionara una carcajada. Me aprendí los diecinueve mejores chistes de Benito Pérez Luna y dos parodias forzadas de La tía Maritere, me volví algo así como imitador de voces políticas y paleolíticas, las cuales con práctica y vagancia continua se volvieron poco más que un oficio.
Durante las clases de química, que era cuando menos vigilancia teníamos en el colegio, arrancaba pedazos de papel renglón y apuntaba: Haber payasito, ¿qué chiste me vas a contar hoy?
Con ella aprendí entre tantas cosas, ha hacer reír a las personas que me oían hablar, cualidad que sería muy útil para cuando decidí estudiar Derecho y Ciencia política algunos años después.
" Gánate la risa y la sonrisa de los profes y al menos ya tienes un examen de recuperación asegurado" me diría años después el loco Villarán.
Me podía quemar horas y horas tan solo viendo sonreír a la señorita. Apoyaba el mentón sobre mis hombros y acaso podía percibir su cálida respiración, su fragancia endemoniada.
–probablemente yo sea la única en este mundo- me decía –que sabe que las estupideces que hablas, no son tan estúpidas como se podría creer, enamoradito–

Solíamos vernos en tiempos que para mí, eran sumamente cortos y mediocres. Apenas cincuenta minutos y durante las tardes preferentemente, que es la hora más vaga y con menos movimiento para los jóvenes, porque sus padres no le permitían tener "amigo especial" dado que consideraban esas prioridades exclusivas para adolescentes faltos de cariño, y no para una niña como su hija, que aspiraba ser como ellos, o como sus abuelos, dueños de unas haciendas al norte de Lima que producían las mejores natas de La Libertad.
–Mis viejos me matan si se enteran que te tomo de la mano cuando caminamos por la calle, enamoradito-
Para colmo de colmos, nuestros encuentros clandestinos se daban en espacios tan recónditos que yo mismo dudaba, a veces, de la veracidad de mis buenas intensiones.
Solíamos ocultarnos entre las fachadas descascaradas del centro de Lima, o entre los callejones de lo que alguna vez había sido lugar de tapadas, marqueses y esclavos negros al peso. De hecho, se volvió una afición incontrolable pedirle alquilada la caseta al vigilante de aquella calle, el favor me costaba un sencillo mínimo que jamás hubiese obtenido si no fuese por las guitarreadas y cantadas litúrgicas para los fanáticos religiosos de mi manzana. Allí era más tranquilo, nos sentábamos juntitos como tortolitos que se declaran su amor en fondo musical de un grillo a las siete de la noche. El pobre hombre, al cual no alcanzaban las miserias que le pagaban los vecinos por vender su sueño, se sometía a nuestras intenciones más exageradas como cuidar que no pasara nadie o que algún cercano diera con la curiosidad, aunque más de una vez se llegó a preguntar que era lo que realmente hacíamos adentro.
–Nu istarán hacindo cuchinadas ¿nu?
–No estamos haciendo nada malo, Pepelucho, no te emociones– le decía al que para entonces, ya era un fiel cómplice de aquel sentir clandestino. Preferíamos llamarlo así por que el nombre de José Luis Lallas nos parecía menos cercano y además, iba más con su forma de ser. Él por supuesto, no tenía problema.
–¿Pipiluchu?, sí, sí, mi gusta, mi gusta.
Fue una verdadera lástima que lo despidieran sacando pecho por ese amor necio, cuando los vecinos llamaron dos patrullas informando que últimamente muchas parejas entraban a aquel lugar.
Jóvinis, salgan corrindo, que los tumbos criin qui mi caseta is prostíbulu, se han quijado lus vicinos-
Fue lo último que nos dijo el buen Pepelucho. A la semana siguiente, cuando pasamos por la misma calle, un hombre robusto y calvo había tomado su lugar.
–Pobre, me ha dejado con la conciencia intranquila,enamoradito.
Aveces, solía invitarle galletitas caseras de cacao, cuando me faltaban veinte o treinta centavos para un chocolatito Sublime. De todas maneras no tenía la fuerza de voluntad suficiente para negarse al azúcar refinada (era un alivio que no fuese una princesita de aferraciones y caprichos) y mientras las iba devorando sonríe que sonríe, acostumbraba contar sus desventuras en el colegio de mujeres. Me hablaba de la "desalmada" profesora que le prohibía llevar aretitos los jueves de religión, por ser éstos, sortilegios demasiado resaltantes, y que despistarían el estudio sin lugar a duda.
–es que ella tiene razón pues– le dije
–ya sé, pero si te lo cuento es para que tú me digas que soy una víctima del abuso, que ella no me puede prohibir eso, que debería decirle a la directora para que la saquen a patadas por abusiva y anticuadota-
–ah, bueno, si es así sí pues, la verdad es que tienes toda la razón, amorcito.
Entonces me acercaba a ella para abrazarla, me encantaba aquel aroma a shampú que encajaba tan bien con su sonrisa.
- ahí no se toca chiquito, ahí se toca solo cuando la pareja está felizmente casada, confórmate con la cinturita- me retiraba los dedos cual si fueren estropajos sucios, que empezaban a pasearse por sus costillas en dirección norte y aproximándose a sus pechitos de ninfa.
Y sin embargo, parecía poder durar para siempre...
Debió en todo caso, aburrirse de aquella rutina pesada y sofocante, excesivamente melosa, insignificante. Por que un día, una tarde, una noche... en fin eso ya no importa ni volverá a importar, tuve el coraje de por primera vez coger el teléfono y llamarla solo para decirle que la quería de aquí hasta el sol, por que debe saber usted señorita (y así, mi conciencia quedar libre de culpa alguna), que aunque nunca se lo llegué a revelar personalmente, me bailó la idea tantas veces, que terminó por marearme y aturdirme. Sea como fuere, sentaditos sobre el piso, acaso arrodillados, oyendo en la radio una melodía de Joaquin Sabina y tarareándola en las pausas, en los silencios cortísimos que sometían nuestros diálogos clandestinos (aquellos donde se oye la respiración del otro) ahí estabamos los dos ¿recuerda? Con la boquita adherida al auricular, respirando fuertemente y murmurando, oyendo nuestras voces llenas de aquel entusiasmo inagotable que regalan los cupidos insolentes, esos ángeles maliciosos que disparan flechas por doquier y sin previa planificación, sin el mínimo permiso de diosito.
–te quiero.
–yo más.
–No, yo te quiero más.
–Correcto, señorita, usted me quiere más esta vez, pero a la próxima le prometo que voy a ganar.
Supongo que ello hubo de sepultar aquel travieso amorío ¿verdad?.
-¿Cómo estás, niñita de mis amores?- te llamé el día de entrega de puntajes en el instituto, algunos días después.
Y entonces, un silencio sepulcral, impredecible y vacío, compuesto de decepción la invadió, hubo de tomarse el tiempo prudente para responder de la forma más dolorosa, más hipócrita, engañosa e hiriente posible, se secó las lágrimas, y mientras extraía la boleta de notas, la observaba una vez más y murmuraba: "puntaje insuficiente para pasar el ciclo", entonces se convencía de lo sucedido y articulaba la respuesta:
- Vete a la mierda-
La frase me derrumbó, comprendí que mi temor se había hecho realidad, y que aquellas citas en las banquetas habían llegado a su fin, que la vida era un lamentable subibajas y que a usted le había tocado bajarse esta vez. Que para un fregado había un jodido, y que para este último, siempre debía haber uno que sufriera de desamor.
Segundos después colgó el teléfono.
Lo que pasó después, fue lo de siempre, o algo así ¿no?. Es decir, lo que usted ya entiende, o entendió aquel martes mientras trataba de convencerla de que no me dejara, que sin aquella compañía de sonrisas coquetas yo ya no podría vivir.
¡Cuánto miedo da la soledad cuando uno la va a probar después de mucho tiempo! Pero creo que ya era muy tarde, y la historia que sigue ya ni sentido debe tener... en fin, los cupidos insolentes tienen la culpa ¿no cree? Aunque no dudo que los chocolatitos hayan jugado, en algún momento, un rol importante de nuestra alocada juventud.

10 comentarios:

NATO dijo...

No suelo comentar, pero contigo harè una "hezepziòn". Me gusta como escribes, te lo he dicho mas de una vez, pero no màs, que ya me cansè.
Cuidate, hermano! =D

Brissa dijo...

Y quién le ha hecho creer que los primeros cuentos no pueden ser los mejores... Si bien no es ese mi caso, el de usted no parece alejarse mucho de dicha proposición.
Hey! Carlos, tu queridísimo "Cupido tragicomédico" es bueno, en verdad; ya sabes que no me agradaron un par de cosas de la niña esa, pero en fin es tuya y tu eres el señor feudal de lo que ella diga o haga. Si bien me dijiste que este cuento no tiene nada que ver con un hecho de tu vida, creeme que al hacerle creer a la gente que es así, más se envuelven en la historia.
Más me vale acotar que, hasta el momento, tu barco de papel es el que más me ha hecho envidiarte.

Atte
Yo

Anónimo dijo...

este es para mi tu mejor cuento creo q ia te lo he dixo un alguna ocasion tu saes q me gusta como escribes cuando seas famoso io voi a ser la primera en comprar tus libros voi a ser tu fan # 1 pa q veas q wena amia soy =) cdt amio io se q tienes un futuro explendido como escritor te lo deseo de tooooo coraxonsito besitos!!!
gloria

Anónimo dijo...

Hola Escribidor,

Puede te llegue una invitación para un sitio serio de escritores:
http://militeraturas.ning.com/

Puedes aprender.
Ser responsable. Hay unas normas. ¿Asusta? Qué va.

No hay más recompensa.
Ni fama ni dinero.
Sólo experiencia. Artesanía diversa.

Intenta ser feliz, Escribidor

Saludos
Wil

Ron Duro dijo...

Colegial, tu blog parece un culto a la literatira del boom.
Bien lo dice Umberto Eco: no hay libros sin libros

Anónimo dijo...

krlitos puedo decir mucho de tu 'cupido tragicómico', me acuerdo que lo lei por primera vez el año pasado y tambien por internet, y curiosamente hace unos dias les comentaba a unas amigas de la universidad sobre este cuento tuyo...me gusta tu forma de escribir, tu curiosa manera de darle uso a las palabras, y la forma en que te refieres a la niña d tu cuento...sigue escribiendo amigo, no dudo de que supiste escoger bien, la literatura es lo tuyo, escribas o leas, es lo tuyo...solo es pero que pueda leer más de tus creaciones...
sigue escribiendo...cuidate mucho..
korina!

Anónimo dijo...

cupido tragicómico-- me lo hiciste leer ( de hecho fue el primer escrito que lei en cuanto a tus cuentos)me encanto¡¡¡ recuerdo q llegue a mi casa a contarle a mi hermana . El futuro se esta preparando para personas como tu que poseen más q ganas por hacer las cosas. Ya no sé q más decirte... me cansé

toña

Anónimo dijo...

k-itosh!..q puedo dcirt aier cuando m puse a xkr tu blog m lleve una grata sorpresa con tu gran cuento "cupido tragicomico" q cm ya zbz m nknta y pues m puse a recordar muxas muy agradables q pasamos juntos.. simpre t dije q m nknta tu forma de escribir y dfinitivamnt ers un capo n too st campo n mi humild opinion claro sta.. y pues de hecho q vas a iegar muy lejos, t deseo los mjores exitos n tu vida y pues q cumplas todas tus metas trazadas.. zbz q 100pre voy a star pa ti cualquier cosa m pasas la voz no+ bueno beio t admiro muxo y si no t lo he dicho spro q sea l momnto pa dartlo a conocr..

..tu nerita..
bshos

Anónimo dijo...

oO!!! carlitos eres lo max!... t adoru amigoooooooooooooooooooooooooo!!!!... jajajajaja... saludos!

cathycita! :)

Anónimo dijo...

este cuento es lo max y ni q decir d ti a pesar q avcs nos fregamos tanto sabs q t kiero muxo y eres admirable, eres una gran prsona, a tu corta edad eres un gran escritor y un gran amio!!t deseo lo mejor,exitos en la vida y cuenta conmio,cdt muxo y nuk pierdas la escencia q tienes bsitos tqm byes