No hay antídoto más rápido y efectivo ante los infortunios de la vida a los dieciocho que desfogar emociones posteando en un blog propio. Acabo, pues, de llegar de la casa de mi gran amigo, "el chino coke", al cual no veía desde hace más de año y medio -estudiamos juntos durante el verano del 2007 , en una academia bastante conocida y poco decente, y bastó aquel tiempo para adiestrarme en las artes del dibujo japonés y volverme un dependiente del famosísimo y antiquísimo juego de michi (también llamado tres en raya por la urbe ilustrada)-, indignado luego de una extenuante partida de Ajedrez que, efectivamente, tuvo partida pero parecía no tener llegada, un rey acorralado por dos caballos y un alfil con severos problemas de identidad (tenía complejo de reina, el pobrecito); y luego de una "correcorre" indignante de cuadradito negro a cuadradito blanco y viceversa, decidí consumar la contienda con un: "me rindo, hermano, ya me aburrí". No es la primera vez, claro, que me rindo en un juego de mesa. La última vez que participé en uno (Monopolio internacional), terminé rendido ante los hechizos de la piconería, generada por una confusión de propiedades versión carrito de plata- hombrecito de plata; y es que es, por algún motivo que va más allá de mi entendimiento, en aquellos instantes donde la Cábala me abandona por completo.
Pero mi poca suerte en el tablero no es , sin embargo, el motivo por el cual he decidido colocar hoy este post; sino que, ya cuando me iba, pareció "el chino" acordarse de algo importantísimo porque le cambió la cara, se levantó de su silla, así de golpe, y me dijo:
Pero mi poca suerte en el tablero no es , sin embargo, el motivo por el cual he decidido colocar hoy este post; sino que, ya cuando me iba, pareció "el chino" acordarse de algo importantísimo porque le cambió la cara, se levantó de su silla, así de golpe, y me dijo:
"Espérate, compadre, te voy a dar algo, para que regreses y tengas tu revancha"
En alguna entrevista, Gabriel García Márquez dijo que durante el tiempo en que escribía Cien años de soledad tenía una diversidad descomunal de libros en su estudio, de todos los temas y tamaños, desde manuales de asesinatos perfectos hasta libros de recetas de cocina, y es que todo le era util al momento de crear Macondo. Desde que aquel testimonio pasó frente a mis ojos he tratado de que mi programa de lecturas sea lo más surtido posible; y en ese esfuerzo he leído Atalayas, Manuales de Cablemágico, libros de cocina y hasta la suerte en manos femeninas; pero jamás pensé, y lo digo enserio, venir todo el camino de regreso a casa revisando un colorido Manual de Ajedrez nivel básico, editorial "Toribio Anyarin Infante". Ha sido una experiencia rara, aunque he aprendido que si das espacios horizontales a las torres en forma de "H" tienes gran parte de la partida ganada, o que tener dos alfiles en diagonal, dejando un espacio intermedio, forma una defensa de fierro. Sea como fuere, y sean cuales fueren las intenciones de mi amigo, "el chino coke", no olvidaré agradecerle el folletito por dos motivos: por ampliar mi repertorio de lecturas y forjar la revancha de un ajedrecista sin talento...
Krlos!!

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